Se inclinó hacia adelante, mientras la ilusión
de ser el centro de atención le producía un placer punzante.
Era todo un alud de pretendietes, y los falsos alisientes
que estos en ella despertaban le producian cierta nausea,
le perturbaban.
(.Aún con previo aviso de lo que pasaría acto seguido,
todavía reviso eso que sería su dolor enseguecido.)
Apenas pudo soportar su peso corporal
cuando las vejaciones brotaron ví a oral.
Su estremecido abdomen no toleró ni un minuto más de aquel tremendo insulto:
son su fétido aroma y su vizcosa textura las que hoy le brindan culto.
Desde entonces transita por el dia a dia
buscando quien acaricie su melancolía.
viernes, 10 de abril de 2009
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