Así era. Isabelle poseía la imaginación siempreviva de un niño inocente, un alma de mujer tierna y delicada, y una inteligencia penetrante y lúcida. Por eso aquellos entes ligeros y presuntuosos no tenían nada que hacer a su lado, pues ella, sin muchas palabras, conforme a su temperamento silencioso, parecía decirles con su mirada transparente y su sonrisa irónica: "¿esperan que mire sus tristes sombras como auténticas figuras animadas y con vida?" Por esta razón Isabelle fue acusada por muchos de ser fría, prosáica e insensible. Pero otros, que veían la vida con mas claridad, amaban fervorosamente a esta joven y encantadora muchacha; pero nadie tanto como Diego, quién se hundía en sombrías ensoñaciones, dedicado a las artes con pasión.
Las primeras nubes de tristeza pasaron por su vida cuando se separó de ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario