martes, 25 de mayo de 2010

Ataraxia; cuando miro a través del espejo.

Se denomina ataraxia, del griego ἀταραξία o "ausencia de turbación", a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional, mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a lo adverso, y finalmente frente a la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por lo tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.
Según Epicuro, existen dos clases de deseos: los naturales necesarios, relacionados con la supervivencia, y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, la política y la vida social. La satisfacción de los deseos es lo que nos produce placer, que, para los epicureístas es lo que nos lleva a la felicidad, sin embargo, existen placeres que son completamente vanos, banales por lo general, y que nos producen un dolor mayor que el placer inicial; estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón ya que nos alejan de la "ataraxia".

La filosofía se hace llamar una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano». Que poca cosa.

Para los estoicos, la vía para llegar a la ataraxia es la virtud, que para ellos consiste principalmente en adecuar los deseos propios a la racionalidad de la naturaleza ( logos), aprendiendo a diferenciar las cosas que dependen de nosotros de las que no, ya que no tiene ningún sentido preocuparse por las segundas puesto que al hacerlo nos alejamos de la tranquilidad del alma. Para la Stoa también es necesario, con el fin de encontrar la ataraxia, eliminar los miedos a Dios y a la muerte y no quejarse por las "inclemencias" del destino.

En el caso de los escépticos, que promueven la suspensión de todo juicio a priori (universal y necesario) debido a que, para ellos, no existe ninguna verdad absoluta sino que todo depende del hombre y sus sentidos, se afirma que para alcanzar la felicidad es necesario dudar de todo lo que, al parecer se ha conocido hasta el momento, pues no existe un solo conocimiento objetivo, y luego, conseguir la ataraxia, la serenidad e imperturbabilidad del ánimo.

Todo lo anterior con el ánimo de sobrellevar lo anterior.


.por Slevin Kelevra (Kelevra significa "perro malo" en hebreo.), otro mr. vértigo más en el mundo.

domingo, 2 de mayo de 2010

Nube' (Nube Prima)

Cúmulo de Arena. Nube como isla en un mar de blanco e índigo. Besándose, mas el azul claro irrumpe entre la intimidad de ellos, y logra fraccionar la relación. Ahora el límite infinito entre sus dedos nunca volverá. Serán dos extraños, unidos... "casi". Lástima que casi no vale... Los separa un hilo tenue entre sus magnitudes, en el horizonte. Son parecidas, aunque una esté casi encima de la otra.

El azul se vuelve gris. Inunda sus posibilidades de reecuentro. La agonía acuciante del ya, del ahora y de éste momento, que resaltan su tímido matiz.

El gris deja de existir; aquel color de la duda se diluye frente a mi. Y confluyen. Son una sola entidad, formando mi nubulosa ceguera blanca. Ahora, y por siempre, estarán juntos. Serán felices, por más que lleguen a tener sus riñas. Tal vez los invada la tentación de la división. Me permitirán ver, cuando esto pase, pero su esencia no cambiará. Están hechos el uno para el otro. Pocas veces conoces seres así. Intentas mantener la calma y ocultar la envidia innata por aquello que no posees. Pero es inevitable. Ésta pasea por tus venas, se pega a las paredes de tus arterias y en la medida que te calienta, te tiñe los cachetes con su humedad escarlata.

Cúmulo nácar. Inhala. Exhala. sigue.

miércoles, 28 de abril de 2010

Oggi è una giornata strana,
ma è così da una settimana.
Sono solo, come sempre vero.
Voglio ascoltare un ti voglio sincero.

#4

Escaneado por nadie más que los amados, las márgenes repasan tu muerte, jugando al travesti de la desnudez, y las manos de otros que te vean, como si, un día, les cantaras, y en el silencio más largo entre espasmos de luz, vieras como las estrellas caídas se arrastran hacia ti.

EL ENCIERRO - 2. Compañerito Déspota

Ya bien enderezado el cuerpo, dejo que mi pelo ruede por mi, que juegue libremente sobre mi espalda sin importancia alguna, ya que se desenrreda con tanta facilidad. Percibo pues los corrientes e incoherentes arranques del frío sacudiéndose entre mis deditos de los pies.

Nuevamente de frente a la ventana, pero debido a los residuos de ritalina y ribotril en mi sangre (sin contar los de las tabletas de tiroxin, primperan, Metoclopramida, entre otras) siento como se me clavan en la piel los primeros embajadores del amanecer cual mil puntillas, maldiciendo a el mono entre dientes con indecifrables ruiditos que vienen de dentro de mi. Y en el momento de saludarme con su cálida bofetada, le niego la luz de mis ojos verde pasto a este célebre vecino que, aunque nunca habla de nadie, no puede ser blanco de la más leve crítica visual pues te condena a la ceguera. De malas. Me importa cinco que cabalgue a cuestas de elipses imaginarias hasta mi ventana a diario, no pienso dejarle conocerme ni una brizna más. La envidia que le tiene a la sombra que me abraza. Le agrede cada vez que puede, sin importarle que el fué quién la trajo a la vida. Lo digo en serio. Esta sombra no podría ser más víctima de aquel famoso círculo vicioso porque no dura más el día. Trata de arrancármela, pero ha sido tejida con un material especial, un hilo mágico que alumbra mi camino que la hace resistente a cualquier abuso; aquel lazo que nos une es de color negro...más negro que la brea, más negro que la noche, más negro que la misma oscuridad. Pero entre más me aferre a ella más duro trata el masacote incandescente de arrebatármela. Un día intentó de nuevo llevársela; para ello, salió un día que nevaba, por no perder tiempo, furioso, sin dejar cubrirme con las raras virtudes de su propia hija. No lo podía creer, y tras aquel aberrado impasse, me le niego a tolerar su intromisión. Tal como su hermana me lo dijo, tiene gran deseo de agradar y miedo a no dejar contenta a la gente. Pero es que él no conoce los límites tras el hostigamiento; huelga decir que yo si. Por ello heme aquí, entre cuatro paredes, en el sonámbulo anhelo de verle de nuevo, meciéndonos una en la otra, arrullados por la misma lloradera hasta caer presos de la delicia de un sueño lúcido, en el que con el más mínimo roce de la tela de su buzo negro me la pueda imaginar tibiecita debajo. Pensándola cada día llegué a pelearme con el sueño, mientras me decía a mi misma: "Mañana me le declaro". Al menos esto me privaba de las ensoñaciones y la premonición constante de una muerte prematura. Al menos mientras dura.

EL ENCIERRO - 1. Levantamiento Inocuo

Quería salir volando por la ventana, dejar al guardia de la noche a la interperie y volar, irme por fin de los pensamientos de una vida anterior y apagar de un soplo la luz. Para siempre.

Siempre me he preguntado la magnitud del vacio que ha de sentir mi cuerpo al arrojarme al despojo, un instante antes de apoyar mi mejilla contra la mejilla árida del mundo. Si luego de soltarme de las grietas sobre el acantilado, se disipará el recuerdo del trastorno profundo que me trae el día a día, y sentiré sobre mi todo el cuerpo de la cobardía, de nuevo. Si me hará recorrer a todo velocidad los caminos del insomnio y de las pesadillas que aún me soplan en la nuca hasta que la madrugada logra sus ordenaciones, haciéndolas confundirse y quebrarse. Y, en el momento de abrir los párpados, conseguir acabar con aquel lapsus en que se hallan las lilas margaritas con el polvo de ladrillo. Si. Cada mañana acariciando una postura contraída y menos usual, sin saber en donde me encontraba e incluso, en ese primer suspiro, no saber tampoco quién era. Mas poco a poco, ir volviendo, guardando aún mi mejilla el calor de su beso, sintiendo dolor por el peso de su cuerpo; el encanto de lo soñado bajo la cobija lúcida de calmantes y lámparas de petroleo, a la luz de la luna.

#3

Los muertos aún mueren: y en ellos los vivos. Todo el espacio y los ojos, atormentados por herramientas banales, confinados a sus hábitos. Respirar es aceptar esta falta de aire, único respiro, encontrado en las fisuras de la memoria, en el lapsus que rodea este lenguaje de feudos.