miércoles, 28 de abril de 2010

EL ENCIERRO - 1. Levantamiento Inocuo

Quería salir volando por la ventana, dejar al guardia de la noche a la interperie y volar, irme por fin de los pensamientos de una vida anterior y apagar de un soplo la luz. Para siempre.

Siempre me he preguntado la magnitud del vacio que ha de sentir mi cuerpo al arrojarme al despojo, un instante antes de apoyar mi mejilla contra la mejilla árida del mundo. Si luego de soltarme de las grietas sobre el acantilado, se disipará el recuerdo del trastorno profundo que me trae el día a día, y sentiré sobre mi todo el cuerpo de la cobardía, de nuevo. Si me hará recorrer a todo velocidad los caminos del insomnio y de las pesadillas que aún me soplan en la nuca hasta que la madrugada logra sus ordenaciones, haciéndolas confundirse y quebrarse. Y, en el momento de abrir los párpados, conseguir acabar con aquel lapsus en que se hallan las lilas margaritas con el polvo de ladrillo. Si. Cada mañana acariciando una postura contraída y menos usual, sin saber en donde me encontraba e incluso, en ese primer suspiro, no saber tampoco quién era. Mas poco a poco, ir volviendo, guardando aún mi mejilla el calor de su beso, sintiendo dolor por el peso de su cuerpo; el encanto de lo soñado bajo la cobija lúcida de calmantes y lámparas de petroleo, a la luz de la luna.

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