Puedo sonreir, pero dentro no te escucho.
Me puedes sentir, pero en mi mente yo lucho
por no volverme a ir, y menos morir cucho.
Encierro al incesante placer de golpear algo,
de llevar fierro y matar un ser tal...cuando salgo.
Pienso que el no vale, como yo, que nada valgo.
Detesto verlos subir al bus a pedir plata;
sus arapos y sus olores, los odio enteros.
Sientes pesar y ayudas a esos mismos rateros,
al que pone puñal y si te niegas te mata.
Seres de vicio; ellos son los hijos de nadie,
que estando al servicio de multiples drogas, roban
a quienes se les van cruzando, mientras adoban
bienes de miseria, maldición que los irradie.
miércoles, 13 de mayo de 2009
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